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Todo lo que necesitas saber sobre el Seguro

Un contrato de seguro es aquel por el cual el asegurador se obliga a pagar al asegurado una indemnización, dentro de los límites pactados, si se produce un siniestro también previsto a cambio del cobro de una prima.


Consiste en una cobertura recíproca entre varias personas sometidas al mismo tipo de riesgo que debe ser incierto y valorable en dinero. Por lo tanto, las cuotas que pagan todas esas personas servirán para cubrir el eventual daño que sufra una de ellas.


Características del seguro


1. Interés del contratante del seguro, en adelante asegurado, con respecto al bien asegurado. Este interés es de carácter económico medido como el beneficio que le reporta ese bien.

 

Es importante precisar que en los seguros de personas, y principalmente en el seguro de vida, el interés parece irrelevante porque no existe ninguna utilidad económica, o al menos no es mesurable, del asegurado con respecto de su vida. Sin embargo es extendida la doctrina que entiende que también existe interés en estos casos porque el hombre, su salud y su vida son susceptibles de valoración económica.

 

2. Daño o lesión del interés asegurado. El daño es la efectiva materialización del riesgo previsto, es decir, el accidente de circulación, el incendio de una vivienda, etc. También se considera daño el lucro cesante o beneficio esperado. Por ejemplo se puede contratar un seguro para el caso de que determinada cosecha no llegue a crecer por causas meteorológicas.

 

Ante la dificultad de probar el daño en algunos supuestos, el ordenamiento jurídico ha establecido una presunción de que determinados acontecimientos son dañosos. Este es el caso de la muerte de una persona cuyo daño es muy difícil de valorar económicamente porque se considera ilimitado. Para resolver esa dificultad, en el contrato de seguro se indica la suma que en caso de muerte debe satisfacer el asegurador, sin que en el momento del suceso sea necesaria ninguna valoración del daño para proceder a la indemnización.

 

3. Riesgo de que se produzca el daño del interés económico asegurado. El riesgo debe ser futuro e incierto bien porque se desconoce si sucederá o no (v. gr., Incendio de una casa) o porque lo desconocido es cuándo sucederá (v. gr., Muerte de una persona).

 

El riesgo es muy importante ya que el seguro no tiene sentido si se tiene certeza de que el daño se va a producir o si éste se ha producido ya al tiempo de contratar. De hecho, en estos casos la ley declara nulos los contratos de seguro.

 

El riesgo que cubre cada seguro está delimitado en el propio contrato y depende de la póliza pagada.


Clases de contratos de seguro


Existe una clasificación principal de los contratos de seguros según sean de daños o de personas y, a su vez, cada una de estas categorías se subdivide en varios contratos de seguro:


1. Seguros de daños en sentido estricto: la cobertura responde a una necesidad concreta (v. eg., los daños de un vehículo) y la indemnización es perfectamente calculable a través de la valoración del daño (v. eg., valor económico de las piezas del coche afectadas).

 

Dentro de los seguros de daños podemos encontrar:


a) Seguros de cosas: seguros de incendios, de robo, de transporte, etc.


b) Seguros de crédito: seguros de hipoteca o de otros créditos.


c) Seguros de beneficio esperado


d) Seguros de deudas: seguro de responsabilidad civil y reaseguro

 

2. Seguros de personas o de sumas: la indemnización es presunta y la cobertura se hace de una necesidad abstracta porque se ha prefijado en el contrato la cantidad que se satisfará en concepto de indemnización en el caso de muerte, no siendo esta cantidad el valor de la vida de una persona que es infinito. En este tipo de seguros la prueba, valoración y liquidación del daño son irrelevantes.

 

Dentro de los seguros de personas encontramos:


a) Seguros de accidentes
b) Seguros de enfermedad
c) Seguros de vida: seguro de vida para el caso de muerte, seguro de supervivencia y seguro mixto


Régimen jurídico del contrato de seguro


Los contratos de seguro españoles se regulan, en general, en la Ley 50/1980, de 8 de octubre, de Contrato de seguro. Existen también leyes que regulan algún contrato de seguro específico como el seguro marítimo, aéreo, agrícola, de crédito a la exportación, etc. Por lo tanto estos últimos contratos atienden a su normativa específica siempre que no contradiga la LCS (Ley del Contrato de Seguro) y, con carácter supletorio, a ésta última ley.


En principio, las disposiciones de la LCS son imperativas, es decir, son nulos los pactos que las contradigan. Sin embargo se permiten las cláusulas contractuales beneficiosas para el asegurado y aquellas limitativas de los derechos del asegurado deben ser expresa y particularmente aceptadas por escrito. Esto último quiere decir que no se considera aceptación si un asegurado ha firmado unas condiciones generales en las que una de las cláusulas limita sus derechos; sino que es necesario que se pacte explícitamente y por escrito esa cláusula con el asegurado.


Además esta ley es dispositiva en los casos de reaseguro y “grandes riesgos”, éstos son:


1. Seguros sobre vehículos ferroviarios, aeronaves, buques, mercancías transportadas por los medios de transporte anteriores, responsabilidad civil derivada del uso de buques y aeronaves, de crédito y de caución.


2. Cuando el tomador del seguro, es decir, quien contrata el seguro, es un empresario de cierta magnitud económica.


Cuando en el contrato de seguro intervenga algún elemento extranjero (las partes pertenecen a estados diferentes, el siniestro ha ocurrido fuera de España…) habrá que aplicar las normas de derecho internacional privado en esta materia.


Si el contrato de seguro se ha producido dentro de Europa y es de una fecha posterior al 17 de diciembre de 2009, es de aplicación directa el Reglamento (CE) 593/2008 de Roma I, sobre la ley aplicable a las obligaciones contractuales. El citado Reglamento expone la libertad de elección de la ley aplicable respecto a los contratos de seguro de grandes riesgos y respecto al resto dice que las partes pueden elegir entre las siguientes leyes aplicables:


1. La ley del Estado Miembro en el que se localice el riesgo en el momento de la celebración del contrato.


2. La ley del Estado de residencia habitual del tomador del seguro


3. La ley del Estado de nacionalidad del tomador en caso de seguro de vida


4. La ley del Estado Miembro en que se localice el riesgo en el momento de la celebración del contrato si ésta prevé que se aplique a riesgos que sucedan en el extranjero y éste ha sucedida efectivamente en el extranjero


5. En el caso de que el tomador del seguro sea un empresario y el contrato de seguro cubra riesgos relacionados con su actividad que han sucedido en diferentes Estados Miembros, serán aplicables las normas de cualquiera de los Estados o las del país de residencia habitual del tomador.
Si las partes no acuerdan la ley aplicable, ésta será la del lugar donde se localice el riesgo en el momento de formalización del contrato.


Elementos personales


1. Asegurador


Es la persona que asume la obligación de pago de la indemnización. Sólo pueden ser aseguradoras las entidades de seguros de las que forman parte: las sociedades anónimas, las sociedades mutuas, las mutualidades de previsión social y las sociedades cooperativas.


Para poder ser aseguradoras, estas entidades deben estar inscritas en el Registro Mercantil y además deben obtener una autorización administrativa para cada rama de seguro concreta a la que ofrecen cobertura. Esta autorización puede ser para ejercer su actividad en todo el territorio español o en un ámbito menor.  Además para percibirla, las empresas deben estar inscritas en un registro especial dependiente del Ministerio de economía y Hacienda.

 

    Obligaciones

 

a) Entrega de la póliza al tomador. Este acto, o la entrega de una cobertura provisional, es requisito imprescindible para la celebración del contrato de seguro. En el caso de que el contrato se celebre entre ausentes y la póliza no pueda ser entregada a la conclusión del contrato, se permite entregarla en un momento posterior considerándose válido el contrato. Y si se extravía, el asegurador está obligado a entregar una copia a petición del tomador o del beneficiario que tendrá idéntica validez a la original.

 

La póliza es el documento justificativo del contrato de seguro que debe presentarse por escrito y contener obligatoriamente:

 

- La identificación de las partes (nombre y apellidos o denominación social y domicilio)


- El riesgo cubierto


- El interés, es decir, los objetos asegurados y su situación


- La suma asegurada o alcance económico de la cobertura


- El importe total de la prima incluidos recargos e impuestos, junto con sus plazos de  vencimiento, modo y lugar de pago


- Duración del contrato con expresión del día y la hora en que comienzan y terminan sus efectos


- Si interviene un mediador, su nombre y tipo de mediador


La administración pública controla que la póliza contenga todas las menciones esenciales y que se ajuste a las leyes. Sobre todo controla que no perjudique al asegurador sin el expreso consentimiento de este.


b) Cobertura del riesgo. Dado que el asegurador debe estar preparado para el pago de la indemnización en el caso futuro y eventual de que se produzca el siniestro previsto en la póliza, se le exigen ciertas garantías como constitución de provisiones, mantenimiento de cierta liquidez, formación de una cartera de contratos de seguro…

 

Esta cobertura es obligatoria, de manera que el tomador puede reclamarla e incluso resolver el contrato por incumplimiento.

 

c) Pago de la prestación en el caso de que se produzca el evento cuyo riesgo se ha asegurado. El asegurador solo estará obligado al pago si el suceso ocurrido entra dentro del riesgo asegurado definido explícitamente en el contrato y, en todo caso, se libra de esta obligación si el siniestro ha sucedido a causa de dolo o mala fe por parte del asegurado.

 

La cuantía de la prestación se calculará en función del daño sufrido y de los límites de la cobertura. En el caso de un seguro de vida se paga una cantidad prefijada de antemano, pero si el seguro es de daños hay que valorar el daño en función del valor de mercado de los objetos dañados, de la cantidad afectada… después hay que hacer una serie de cálculos especificados en el contrato y de ahí resulta la cuantía líquida a satisfacer al asegurado. La cantidad máxima será siempre la indicada en el contrato.

 

Si pasados cuarenta días desde el siniestro, aún no se ha establecido la cuantía debida, el asegurador deberá abonar en ese momento la cantidad mínima que pueda deber según las investigaciones y cálculos conocidos. El incumplimiento de esta obligación devenga intereses moratorios que se componen de dos tramos: el primero es diario, dura hasta los dos años desde la producción del siniestro y asciende al interés legal del dinero incrementado en un 50%; y el segundo comienza después de esos dos años y es como mínimo el 20% anual.

 

2. Tomador, asegurado y beneficiario


El tomador es el que contrata el seguro con el asegurador, pero no tiene por qué coincidir con el asegurado, es decir, el titular del interés que se asegura.
El tomador puede contratar el seguro por cuenta propia (en cuyo caso él es el asegurado y en caso de siniestro él cobrará la indemnización), y por cuenta ajena (o del asegurado en cuyo caso será éste quien cobre en caso de siniestro). Un ejemplo es el vendedor (tomador) que asegura la mercancía por cuenta del vendedor (asegurado).


Por lo tanto, en los casos en que tomador y asegurado no coincidan hay tres partes en la relación jurídica: el tomador que es el contratante y como tal asume todos los derechos y obligaciones frente al asegurador, el asegurado que es el dueño del interés asegurado (v. eg., mercancías) y asegurador. En ocasiones la relación se puede complicar todavía más cuando el beneficiario, es decir, quien debe cobrar la indemnización es distinto del asegurado. Este caso es muy común en el seguro de vida en el que puede haber un tomador que contrate un seguro según el cual cuando muera el asegurado, cobra su hijo (beneficiario).


    Obligaciones del tomador o contratante

 

a) Pago de la prima. Ésta puede ser periódica, como es más común, o un pago único y se exige de forma anticipada es decir al comienzo de cada mes o, en su caso, al perfeccionarse el contrato.

 

Los efectos del incumplimiento de esta obligación son diferentes en función de que la prima impagada sea la primera o las sucesivas. En el primer caso, salvo pacto en contrario, si se produce el siniestro el asegurador queda liberado de su obligación; en el segundo caso, la obligación del asegurador de pagar la cobertura se suspende un mes desde el vencimiento de la obligación de pago de manera que si, en ese periodo ocurre el siniestro, el seguro no lo cubre. Si pasado ese mes el contratante no paga y el asegurador no le exige dicho pago, se extingue el contrato; por el contrario, si el asegurado paga la prima, la cobertura vuelve a existir a partir de las 24 horas del pago.

 

El incumplimiento del pago de la prima en el seguro de vida producirá una reducción de la cobertura ajustada a una tabla de valores que debe constar en la póliza.

 

b) Deber precontractual de declaración y deber contractual de información. Este es un deber tanto del tomador del seguro como del asegurado. 

 

Ambos tienen el deber de precontractual de declarar las circunstancias que conozcan relativas al riesgo de que se produzca el siniestro, y el deber contractual de comunicar las circunstancias que agravan el riesgo y de haber sido conocidas por el asegurador en el momento de perfección del contrato, éste no lo hubiera contratado o lo hubiera hecho en unas condiciones más gravosas para el tomador. Una vez realizada esta comunicación, las partes pueden modificar el contrato, y si no, rescindirlo.

 

El incumplimiento de la obligación de información provoca la reducción de la indemnización que tendrá que pagar el asegurador.

 

Este deber de información también afecta al momento del siniestro en el que el asegurado debe comunicar el suceso en el plazo de 7 días o en un plazo más amplio si la póliza lo contempla.

 

La omisión de este deber puede traer consecuencias nefastas para el asegurador ya que en el tiempo que se tarde en dar parte a éste, pueden producirse más daños o el asegurado puede manipular los hechos a su favor. Por lo tanto el incumplimiento de la comunicación de que el siniestro se ha producido permite al asegurador reclamar los daños y perjuicios adicionales creados en el momento de falta de declaración. Por otro lado, la falta de comunicación de las circunstancias y consecuencias del siniestro mediando dolo o mala fe, libera al asegurador del pago de la indemnización.

 

Además la ley va más allá imponiendo un deber al asegurado o al tomador de tratar de aminorar los daños producidos en la medida en que les sea posible. Los gastos derivados del salvamento corren a cargo del asegurador si no son desproporcionados para el daño evitado y siempre hasta el límite fijado ene l contrato. Si de este incumplimiento se ha derivado un aumento del daño, el asegurador podrá reducir la indemnización proporcionalmente a la culpa del asegurado.

 

3. Mediadores


Los mediadores son las personas que presentan, proponen o realizan trabajos previos a la celebración de un contrato de seguro, así como aquellos relativos a la asistencia en la ejecución y gestión de dichos contratos en caso de siniestro.


Existen dos categorías de mediadores:


a) Agentes de seguros: promueven la celebración de contratos de seguro en nombre propio y por cuenta del asegurador con quien está unido por un contrato de agencia. Por lo tanto, estos agentes quedan obligados frente al tomador. Son agentes de seguros las entidades de crédito que contratan seguros como agentes de entidades aseguradoras valiéndose para ello de sus redes bancarias.


b) Corredores de seguros: acercan a asegurador y tomador para que concluyan un contrato de seguro a través de la representación de éste último con el que tiene una relación de corretaje. Por lo tanto, el corredor no asume obligaciones como el agente sino que todos los actos se realizan en nombre y por cuenta del tomador.

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