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La legítima

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La forma en la que van a repartirse los bienes del fallecido es lo más importante del Derecho de Sucesiones. En cada país, se establece un sistema que opta entre dos extremos: la libertad total para dejar los bienes a quién se quiera o que no haya libertad ninguna porque todo está regulado por la Ley. En España, se opta por una solución intermedia. Quien tenga herederos forzosos (aquellos que recibirán una parte de los bienes obligatoriamente) sólo podrá disponer de sus bienes en la forma y con las limitaciones establecidas por el Código Civil. Quien no los tenga, puede hacer testamento sobre todos sus bienes o sobre una parte de ellos a favor de cualquier persona que pueda adquirirlos.

  En España, hay una parte de la herencia, llamada legítima, que no puede repartirse libremente porque la Ley se la reserva a determinadas personas: los herederos forzosos.

 

La parte de bienes de la que el testador no puede disponer se conoce como legítima, que queda reservada por la Ley a los herederos forzosos. Por lo tanto, la existencia de la legítima es un límite a la hora de hacer testamento, en tanto porción de los bienes que el testador no puede repartir libremente. ¿Quiénes son entonces los herederos forzosos? Los hijos y descendientes del fallecido; a falta de estos, sus padres y ascendientes; y finalmente la mujer o marido (cónyuge viudo). La cantidad de la herencia destinada a legítima y la forma de repartirse esta varía en función de quiénes sean los herederos forzosos:

 

-   Legítima de los descendientes. El artículo 808 del Código Civil establece que “constituyen la legítima de los hijos y descendientes las dos terceras partes del haber hereditario del padre y de la madre”. A su vez, divide esta legítima en dos partes (cada una sería un tercio del total). Uno de los tercios es una cuota fija para cada hijo, independientemente de su número. El otro tercio puede dejarse solamente a uno de los hijos o a varios de ellos: es la mejora. La tercera parte restante es de libre disposición.

 

-   Legítima de los ascendientes. Los ascendientes son herederos subsidiarios, porque para que lo sean se requiere que el fallecido no tenga descendiente. La legítima de los padres se divide en dos partes iguales; si uno hubiese muerto, todo recaerá al que sobreviva. Si ambos progenitores han fallecido pero sí hay otros ascendientes, se reparten los bienes entre las líneas paterna y materna, a partes iguales. En el caso de que el fallecido deje un cónyuge viudo, la legítima de los ascendientes no será la mitad de la herencia, sino un tercio. En ambos casos, la parte restante será de libre disposición.

 

-   Legítima del cónyuge viudo. El Código Civil, en su artículo 807.3, deja claro que el viudo o viuda es un heredero forzoso al que se le concede un derecho de usufructo (uso y disfrute) sobre los bienes. La cuota de los bienes sobre los que se tiene este derecho es variable en función de otras personas con las que se concurra: con descendientes, será de un tercio; con ascendientes, la mitad; y sin descendientes o ascendientes, de dos tercios.

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