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Todo lo que necesitas saber sobre el contrato de suministro

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Concepto y naturaleza del contrato de suministro

 

La función económica del contrato de suministro es la de garantizar una continuidad o periodicidad de prestaciones para cubrir unas necesidades que son estables. Por ello, este contrato va a producir unas obligaciones jurídicas que son duraderas, prolongándose a lo largo del tiempo.

 

Para un sector de la doctrina, este hecho es el que va a diferenciar al suministro del contrato de compraventa, ya que el fin del contrato de suministro es el de ofrecer la seguridad de que el objeto que se necesita se va a obtener de forma estable, duradera o periódica, sin discontinuidades o rupturas con respecto a lo pactado. Es precisamente esta característica de duración, continuidad o periodicidad en la prestación, la que hace que el contrato de suministro entre en el ámbito del Derecho Mercantil. Es fundamentalmente en el entorno empresarial en el que surge la necesidad de disponer en el momento preciso de unos bienes a cambio de un precio determinado y fijado de antemano, necesidad que debe satisfacerse con toda exactitud y puntualidad tal y como demanda la organización de una empresa moderna.

 

Para el otro sector de la doctrina, el suministro puede ser tanto un contrato civil como un contrato mercantil. Para ser contrato mercantil no bastaría con las notas anteriores, sino que además el contrato debe establecer, a semejanza de lo que dispone el artículo 325 del Código de Comercio, que el suministrado adquiera las cosas para revenderlas posteriormente, obteniendo un beneficio (denominado lucro) con esta operación. Si, por el contrario, el suministro facilita bienes que van a ser consumidos directamente por el suministrado, entonces la naturaleza del contrato sería civil. Todavía podría calificarse a este último contrato como mercantil si pertenece al un conjunto de contratos que le son propios a la empresa para llevar a cabo su actividad de suministro.

 

  El contrato de suministro garantiza una continuidad o periodicidad de prestaciones para cubrir unas necesidades que son estables.

Por ello,este contrato produce obligaciones jurídicas duraderas, que se prolongan a lo largo del tiempo.

 

 

Régimen del contrato y extinción del contrato de suministro

 

¿Qué clase de cosas pueden ser objeto del contrato de suministro? Por lo general se entiende que pueden ser objeto de este contrato las cosas o bienes muebles necesarios para cubrir las necesidades de la empresa. Pero también otras materias primas, gas, energías como la electricidad o fluidos como el agua.

 

En el contrato deben determinarse de la forma más exacta posible:

 

 - Por un lado, la cantidad y la calidad de las cosas que se van a suministrar. Esto depende tanto de las posibilidades del suministrador como de las necesidades del suministrado. Además, debe indicarse el modo, frecuencia o plazo en el que se va a proceder a realizar la entrega de las cosas al suministrado.

 

 - Por otro lado, el precio, que puede ser fijo o variable, y la forma de pago en la que se va a satisfacer el precio de las entregas. Frecuentemente, el precio se suele fraccionar en periodos temporales fijos, como un mes. En conexión con el precio, es importante fijar en el contrato las consecuencias de un posible retraso en la entrega e incluso de un incumplimiento en la misma, de cara a una posible resolución del contrato, tema que se tratará más adelante.

 

Otro de los aspectos a tener en cuenta es la duración del contrato, que incluso puede llegar a ser indefinida. Si se establece un tiempo determinado, en este caso el contrato se extinguirá por transcurso del tiempo pactado. Si por el contrario se estableció una duración indefinida, si uno de los contratantes (o el suministrador o el suministrado) pretende la extinción del contrato, debe pactarse en el mismo un plazo de pre-aviso. Así, los contratantes pueden adoptar con tiempo suficiente las medidas que sean necesarias ante la extinción del contrato. Finalmente, también podrá resolverse el contrato en caso de incumplimiento de las obligaciones de las partes, como retrasos en las entregas o incluso incumplimiento del contrato. Es común, en este sentido, fijar cláusulas en el contrato referidas a las consecuencias de estos incumplimientos y la responsabilidad de los contratantes, siempre con los límites o modulaciones que impone la buena fe contractual.

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