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Todo lo que necesitas saber sobre el contrato de comisión mercantil

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Con frecuencia, el tráfico mercantil necesita de la colaboración de otras personas distintas al comerciante para la realización de las operaciones de comercio. Así, en la Edad Media surgió el contrato de comisión como figura destinada a aportar más seguridad jurídica al tráfico mercantil. En la actualidad, el contrato de comisión no es tan utilizado como otros contratos que le son afines (por ejemplo, el contrato de agencia o el contrato de franquicia). Sin embargo, es la base para que surjan estos otros contratos, La principal diferencia es que la comisión es una relación instantánea que no tiene carácter permanente, aunque puede consistir en varios actos.

 

La doctrina ha definido la comisión como un contrato en el que un empresario mercantil – denominado comisionista – se obliga llevar a cabo un acto u operación de comercio que le ha sido encargada por el comitente, ya sea actuando en nombre de este (representación directa) o en nombre propio (representación indirecta). Finalizado el contrato, el comisionista siempre está obligado a trasladar el resultado del mismo al comitente; incluso en la representación indirecta, en la que el comisionista contrata con terceros en nombre propio, en virtud de la relación que le une con el comitente, deberá informar a este último de la celebración del contrato.

 

En el artículo 244 del Código de Comercio se establecen las características que debe reunir el contrato para ser considerado como comisión mercantil, que es aquella que tiene por objeto un acto u operación de comercio y en la que interviene, al menos, un comerciante (bien el comisionista, bien el comitente, o los dos). La comisión se diferencia del mandato en que, salvo pacto en contrario, es retribuida u onerosa, mientras que el mandato es gratuito. El contrato de comisión es un contrato consensual, lo que significa que se perfecciona por el mero consentimiento de las partes que lo celebran sin que tenga que recogerse bajo una determinada forma para ser eficaz. El consentimiento se puede dar de forma expresa, tanto escrita como oral, pero también de forma tácita. En relación con esta última variante, el Código de Comercio, en su artículo 249, establece que se entiende que ha habido aceptación tácita cuando el comisionista lleva a cabo alguna gestión.

 

Antes de celebrar el contrato de comisión, todavía puede el comisionista no aceptar el encargo realizado por el comitente, posibilidad que regula el artículo 248. Sin embargo, aquí surgen dos obligaciones precontractuales para el comisionista. De rehusar el encargo, debe comunicárselo al comitente de la forma más rápida posible. Además, debe prestar la debida diligencia en la custodia de los bienes que le hubiese concedido el comitente hasta que se los entregue de vuelta.

 

Ya mediando contrato, la principal obligación del comisionista es la de cumplir el encargo que ha recibido del comitente, realizando para ello todas las operaciones que sean necesarias (artículo 252). En determinados casos, el comisionista tiene el derecho de no ejecutar el encargo, y por tanto tampoco sería necesario trasladar el resultado al comitente puesto que no hay ningún resultado que trasladar. El comitente es libre de indicar la forma en que debe ejecutarse el encargo por parte del comisionista: detallando todos los actos que deben realizarse, indicando un marco general o autorizando al comisionista para que actúe según le parezca, si bien hay algunas operaciones que el comisionista nunca puede realizar sin autorización expresa del comitente. En todo caso, el comisionista debe actuar diligentemente y con prudencia, observando los usos de comercio en la zona en la que desarrolle su actividad además de la regulación normativa existente.

 

Además, el artículo 260 determina la obligación de que el comisionista comunique con frecuencia todas las noticias relacionadas con el cumplimiento del encargo, haciendo partícipe al comitente en la celebración del mismo, ya que debe rendir cuentas al comitente cuando este lo solicite y siempre al finalizar el contrato.

  El contrato de comisión no es tan utilizado como otros contratos que le son afines como la agencia o la franquicia. Sin embargo, es la base para que surjan estos otros contratos.

 

 

Por su parte, el comitente debe remunerar al comisionista, y proveerle fondos tanto al inicio del contrato como durante la duración del mismo (artículo 250). En caso contrario, el comisionista puede suspender la ejecución del contrato (artículo 251). El comitente debe reembolsar todos los gastos realizados por el comisionista, tanto los gastos administrativos como los desembolsos relacionados directamente con la ejecución del contrato. Celebrado el contrato con terceros, el comitente deberá asumir sus efectos (artículo 253) lo que significa que, cumplido el deber por parte del comisionista, el comitente deberá aceptar el resultado.

 

Con respecto a la extinción del contrato, el comitente es libre de, en cualquier momento, revocar el contrato (artículo 279), con independencia de en qué fase de ejecución se encuentra el contrato iniciado por el comisionista. Esto siempre que no exista una cláusula en el contrato de comisión que establezca la irrevocabilidad total, puesto que entonces el comitente no podría revocar la comisión. No puede decirse lo mismo del comisionista, que no puede rehusar el encargo salvo que exista causa legal para ello. Debido al carácter personal del contrato de comisión, este también se extinguirá por muerte o inhabilitación del comisionista (artículo 280).

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