Toggle sidebar

Capacidad para heredar. La indignidad.

.

 

Con independencia que se haya hecho un testamento o no, el artículo 744 del Código Civil establece que “podrán heredar […] los que no estén incapacitados por la Ley”. Por lo tanto, lo que se exige para heredar como regla general es que el heredero existiese ya a la muerte del testador, y que no haya muerto antes que aquel. En determinadas circunstancias, algunas personas no pueden suceder. Estas son: el confesor al que el testador manifiesta su última voluntad; el tutor o curador, a menos que no sea un familiar; y el notario que autorice el testamento (y su familia más cercana) además de los testigos ante los que se otorga el testamento. Se exceptúan objetos muebles de poco valor.

 

Además, la Ley establece una especie de “castigo” contra algunas personas que se han comportado de manera “indigna” con el testador, siendo excluidas por tanto de la sucesión. Las causas de indignidad se establecen en el artículo 756 del Código Civil:

 

-   Los padres que abandonen, prostituyan o corrompan a sus hijos;

 

-   El condenado en juicio por haber atentado contra la vida del testador, de su cónyuge, descendientes o ascendientes;

 

-   El que acuse al testador de delito por el que la Ley establezca una pena no inferior a la prisión mayor, cuando la acusación sea declarada calumniosa;

 

-   El heredero mayor de edad que, habiendo muerto el testador de forma violenta, no la haya denunciado dentro del plazo de un mes tras la muerte, salvo que no tuviese obligación de denunciar;

 

-   Quien con amenaza (violencia psíquica o coacción moral), fraude (engaño) o violencia (coacción física), obligue al testador a hacer testamento o a cambiarlo;

 

-   Quien, de igual forma, impida a otro hacer testamento o revocar el que ya tuviese hecho, o suplante, oculte o altere el testamento posterior;

 

-   Si la sucesión es de una persona con discapacidad, aquellos que no les hayan prestado las atenciones debidas (reguladas en los artículos 142 y 146 del Código Civil).

 

En líneas básicas, los efectos tanto de las incapacidades para suceder como de la indignidad son los mismos: la exclusión del derecho a suceder. Las disposiciones testamentarias que se hagan a su favor son nulas. Como consecuencia, si el incapaz o el indigno llegaron a tener algún bien de la herencia, tienen que devolverlo junto con todos los frutos y rentas (como intereses) que hayan percibido. Con todo, si el incapaz es hijo o descendiente del testador y a su vez tiene hijos o descendientes, les transmite su derecho a heredar. Por su parte, la indignidad puede perdonarse. No surtirá efecto si el testador ya las conocía cuando se produjeron o si, conociéndolas después, las perdonó a través de un documento público.

  En determinadas circunstancias, algunas personas no pueden suceder. Además, la Ley establece un "castigo" contra algunas personas que se han comportado de manera "indigna" con el testador, siendo excluidas de la sucesión.

Das könnte Sie auch interessieren:
Todo lo que necesitas saber sobre el testamento
Preguntas frecuentes sobre el testamento
Los herederos. La herencia y sus fases.
La desheredación
Los legados